Todo comenzó... la mezcla de los cuerpos cruzando el umbral de la realidad, perdidos en el etéreo mar de caricias, gemidos que tiñen el cielo de un rojo estallando en el éxtasis.
Son tus ojos en los que me hundo, un bosque de pinos al atardecer y oscuros como cuando la noche cae, aplastando todo razonar.
Tus caderas me llevan a pensar en, y a encontrar, el paraíso; rodar, caer, morir y nacer.
***
La hoja se resiste.
Celosa de los versos, de las caricias que aquí te dejo, como cuando busco tu cuello y tus labios desaparecen entre los míos.
Como cuando tus piernas son dibujadas con mis dedos, como cuando mi lengua reclama tus pechos.
***
Deshechos entre la pasión y la bravura quedan mudas las estrellas y el desierto florece junto a tus labios descansan mis besos también repartidos por toda la extensión de tu cuerpo.
Devoro tus orejas y cual helado acabé con toda tu piel.
Comienzo, fin.
***
Eres el borde de mi razón, donde termina todo intento de ordenar mis acciones. Usas el lugar, el espacio y el tiempo; tan presente como ausentem tan profunda y a la vez, externa... lejana.
Eres fuego que derrite escudos, las armaduras y la testarudez, con la simpleza de una oración, con la sencillez de una mirada. Temblor de fe, terremoto y desesperanza.
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